Reciclaje y pandemia: Desafíos y oportunidades de la actividad en el actual contexto histórico.

Por Itatí Moreno y Eduardo Verón

Desde 1970, con la gran manifestación de 20 millones de personas en distintos puntos de EEUU demandando la creación de una agencia que se ocupara de la protección del ambiente, el tema del reciclaje comenzó a estar en agenda. Incluso, el icono del reciclado, las tres flechas formando un triángulo, surgió de un concurso que se hizo en el contexto de aquella jornada. Desde entonces, tuvieron lugar conferencias y cumbres internacionales que trataron cuestiones ambientales vinculadas a este tópico. 

En 1994, el estado de Texas, Estados Unidos, comenzó a conmemorar el 17 de mayo como el día del reciclaje, entendiendo que es una actividad necesaria para el cuidado del ambiente. A los pocos años, se sumó México. Y fue en el año 2005 cuando la UNESCO instituyó el 17 de mayo como día internacional del reciclaje.

En Argentina, por entonces, se trataban leyes sobre la Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos (GIRSU), tanto a nivel nacional (Ley N°25.916/2004) como a nivel provincial en Buenos Aires (Ley N° 13592/2006) y también en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Ley 1.854/2005). En materia de reciclado, los avances en los distintos puntos del país fueron extremadamente dispares. Esto se debe a que la implementación de políticas públicas en este área recae principalmente en los estados municipales y las diferencias económicas, institucionales, sociales y geográficas que presentan los distritos tienen como consecuencia gran diversidad en los resultados.

Pese a que la gestión de residuos es una función que le corresponde al Estado, los grandes gestores de la recuperación de residuos son los recicladores. Ellos, con el apoyo de grupos ambientalistas y partidos políticos, fueron quienes impulsaron varias normativas en relación a la GIRSU, por ejemplo, la Ley de reconocimiento de recuperadores urbanos N° 992/2002 y la Ley de “Basura Cero” N° 1.854/2005, ambas de la Ciudad de Buenos Aires. En ese y otros casos, cabe destacar que, en gran medida, dependió de los mismos recicladores la organización de los grupos que operan las plantas de clasificación, incluidas la división del trabajo al interior de las plantas y la creación de cooperativas.

El esfuerzo de los recicladores en pos de posicionar en la agenda pública la necesidad de una gestión integral de residuos estuvo, históricamente, marcado por desafíos y obstáculos. Hoy dichos desafíos se agudizan por el contexto sanitario que atravesamos a nivel mundial a partir de la pandemia del COVID-19. No obstante ello, la pandemia irrumpió generando crisis en los paradigmas imperantes de la economía, las políticas de cuidados y, sobre todo, la protección ambiental. Por ello, la pandemia es también una oportunidad para resignificar la importancia de la tarea de los recicladores en la reducción del descarte de residuos reciclables y de la contaminación asociada a ellos, así como también en una revalorización del cuidado del ambiente como una tarea de suma urgencia. Es por ello que, a continuación, ahondaremos en los desafíos y oportunidades que trae consigo este contexto para, en general, la recuperación y reciclado de residuos y, en particular, el rol de los recuperadores urbanos en esta actividad.   

Desafíos para la recuperación y reciclado de residuos en la actual pandemia

La pandemia por el COVID 19 trajo una serie de desafíos para la recuperación de residuos. 

Uno de ellos está asociado al incremento del número de recuperadores urbanos que hubo a partir del año 2020. Una de las facetas más duras de la pandemia se vio reflejada en la profunda reducción de ingresos de numerosos sectores, el incremento del desempleo y la consecuente suba del número de personas en situación de pobreza o indigencia. Tal como sucedió durante la crisis socioeconómica argentina del año 2001, la pauperización de parte de la población tuvo su correlato en un aumento en las calles del número de personas dedicadas a la recuperación informal de residuos reciclables. 

En ocasiones, esta mayor cantidad de recuperadores recolectando material reciclable al interior de cada territorio provoca algunas rispideces entre quienes ya desarrollaban la actividad en el lugar y los nuevos recuperadores. Esto se debe a la eventual reducción en la cantidad de residuos disponibles para los primeros. Estas situaciones suelen llevar a largas horas de reflexión por parte de los recuperadores, sobre todo, aquellos que ya están vinculados por estar agrupados bajo algún tipo de cooperativa. El reconocimiento del propio pasado en la figura de esos nuevos recuperadores independientes suele ser el primer paso para evitar profundizar cualquier tipo de conflicto con ellos y es el desencadenante de una pregunta difícil de responder: ¿cómo incorporar y acoger a esos cientos de personas que se ven obligadas a incursionar por cuenta propia en la recuperación de materiales reciclables sin ningún tipo de amparo institucional?

Un segundo desafío en torno a la recuperación de residuos está asociado a la competencia por la recuperación de materiales con otro actor notablemente más poderoso que los recuperadores independientes: grandes cadenas de supermercados. Debido a cierta revalorización de los precios de los materiales reciclables en el contexto actual, varios grandes generadores han optado por comercializar ellos mismos los residuos secos recuperables. Así, en algunos casos, estos grandes generadores no descartan, por ejemplo, el residuo de cartón que generan en su actividad para que algún recuperador urbano o cooperativa lo recolecte. En cambio, ellos mismos se ocupan de revender ese material a los acopiadores o empresas recicladoras. Aquí surge otra pregunta cuya respuesta no es tan sencilla: ¿qué tan legal o legítimo es que un gran generador comercialice sus desechos reciclables a pesar de no estar habilitado comercial e impositivamente para ello? ¿Deberían ser más específicas las normativas respecto del destino de los residuos reciclables? En una apuesta política a favor de una gestión integral de residuos con inclusión social, ¿las normas deberían indicar de forma explícita el rol de los recuperadores en la cadena del reciclado y la economía circular?

Un tercer desafío que trae la situación actual para la recuperación y reciclado de residuos es el incremento en el uso de materiales desechables a raíz de la pandemia, tales como los plásticos de un solo uso, material de uso de médico, barbijos, entre otros. La apuesta generalizada por el aumento de este tipo de elementos con el fin de reducir la posibilidad de contagio entre las personas nos lleva a preguntarnos: ¿estamos ante una revitalización de la cultura del descarte?, ¿cómo evitarlo?, ¿cómo redoblar los esfuerzos para poder llegar a tratar y reciclar dichos residuos?

Algunas oportunidades para la recuperación y reciclado de residuos en la actualidad

Más allá de los mencionados desafíos, la pandemia también presenta una serie de oportunidades para la recuperación de materiales y su reciclado. Es necesario tener en cuenta estas oportunidades para poder consolidar la actividad con miras al desarrollo de un modelo de economía circular en un futuro no tan lejano. 

En primer lugar, ante las medidas de confinamiento dispuestas por las autoridades gubernamentales de cada país, las importaciones de materias primas de algunas industrias se han visto afectadas. La escasez interna de esos insumos provocó un aumento a nivel nacional de productos reciclados para utilizar como materia prima en los procesos de producción industrial. Al igual que en el año 2001, esto significó un incremento de los precios de estos materiales reciclables y un relativo aumento de los ingresos obtenidos por cada kilo de material recuperado vendido. 

En segundo lugar, esta es una buena instancia para aceitar de la mejor manera posible los circuitos que conectan a las industrias internas que requieren estos materiales junto con los recuperadores urbanos y las cooperativas que los agrupan, tratando de reducir al máximo la cantidad de intermediarios en el proceso. El Estado tiene un rol central en esta articulación y en la apuesta por una economía circular a nivel nacional. Es importante que se pongan en contacto a las partes que conforman este circuito: agentes generadores de residuos (industrias, comercios, instituciones varias, etc.), recuperadores y cooperativas de recuperadores e industrias transformadoras, ya que muchas veces no se conocen entre sí. 

Asimismo, en la articulación entre estos actores es importante que, desde el Estado, se pongan precios de referencia que estipulen de forma concreta cuál es el valor monetario del servicio de recolección y traslado prestado por los recuperadores urbanos y sus cooperativas. Esta falta de definición tiene, al menos, tres implicancias que es necesario señalar. La primera es que la falta de la definición de valores de referencia lleva a una “carrera hacia abajo” en el establecimiento del precio del servicio por parte de las cooperativas de recuperadores. Estas cooperativas, con tal de obtener los residuos de los medianos y grandes generadores, bajan más y más el costo de su prestación, lo cual provoca, en los hechos, la permanencia de la gratuidad del servicio de los recuperadores urbanos que permanecen en una relación asimétrica de poder respecto de los otros actores y terminan conformándose solo con recibir los residuos, siendo para ellos insumo de trabajo. Una segunda implicancia es que no establecer un valor monetario al servicio efectuado por los recuperadores va en desmedro también del reconocimiento de la relevancia ambiental del rol de estos actores. Asimismo, esto trae aparejado una tercera implicancia vinculada a que esa falta de pago por el servicio de recolección y tratamiento de los residuos diluye la responsabilidad de los generadores respecto de los residuos secos que producen, algo que no se da en otros tipos de residuos.

En comparación con años anteriores, una tercera oportunidad que podemos destacar es la existencia de un contexto institucional de apertura hacia a la actividad. En numerosos municipios y provincias del país se están desarrollando programas de separación y recuperación de residuos. Por ejemplo, en la provincia de Buenos aires se han retomado y actualizado las reglamentaciones respecto de grandes generadores, dándolas a conocer a las distintas cooperativas de recuperadores urbanos a través de reuniones por distrito. Desde la órbita nacional, se han entregado elementos de trabajo y maquinarias a cooperativas de recuperadores gracias a fondos de proyectos BID para promocionar el desarrollo de prácticas de economía circular. Finalmente, otra prueba de que la recuperación y los recuperadores urbanos son parte de la agenda ambiental y política actual es la mención a los mismos en el discurso presidencial de apertura de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación del presente año. Estos y otros avances nos muestran que los recuperadores urbanos se están fortaleciendo públicamente como actores claves en la escena pública dentro del campo de la política ambiental argentina, no ya como potenciales beneficiarios de la política social sino como protagonistas de un posible y necesario cambio a nivel nacional. 

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