Escapando de la Era de las pandemias: nuevo informe IPBES sobre las interacciones entre biodiversidad y las enfermedades emergentes globales

Por Karina L. Speziale*

La crisis actual de pérdida de biodiversidad a manos de las actividades humanas puso en evidencia los efectos de relación estrecha que tenemos con la naturaleza y de las graves consecuencias que pueden ocurrir para las personas cuando esta relación no se da en armonía. La pandemia actual a causa del virus COVID-19, una de las que más impactos negativos generó para la salud y la economía humana en la historia, nos desató sentimientos contradictorios contra la naturaleza. En algunas personas generó enojo y deseo de exterminio de especies vectores de enfermedades. En otras empatía y entendimiento de que no fue la naturaleza sino los impactos de nuestras actividades lo que nos llevó a la pandemia. Frente a este escenario, la Plataforma Intergubernamental científico-normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios Ecosistémicos (IPBES, por sus siglas en inglés) generó un informe con datos científicos sobre la interrelación entre la biodiversidad y el surgimiento de pandemias.

IPBES es un organismo intergubernamental independiente que desde 2012 tiene el objetivo de evaluar el estado de la biodiversidad y las contribuciones de la naturaleza a la gente, de modo de aportar conocimiento que favorezca la conservación y el uso sostenible de la diversidad biológica. En su informe del año pasado resaltó las causas antrópicas de las tendencias negativas en la biodiversidad producidas por el cambio de uso de la tierra, el agua y el aire, el cambio climático, la extracción directa de recursos, la contaminación y las especies exóticas invasoras. Predijo que la tasa actual negativa continuará hasta 2050 si no hacemos un cambio transformador (ver más abajo) de nuestros modelos de consumo y de relación con la naturaleza en el corto plazo. La urgencia de este cambio transformador se hizo evidente este año.

La pandemia COVID-19 desnudó como nunca las consecuencias de los impactos humanos sobre la biodiversidad, sin embargo, esta vez los impactos parecen más importantes ya que afectaron la salud y la economía de millones de personas. En su informe reciente encomendado a 22 expertos para entender la relación entre las pandemias y la biodiversidad hace un tratamiento exhaustivo de esta interacción. Algunos de los datos más relevantes del informe presentado durante la pandemia muestran que:

  • Los cambios en el uso de la tierra, como la deforestación, la conversión a agricultura y ganadería, las urbanizaciones, es una de las causas principales de las pandemias y ha generado más del 30% de las enfermedades emergentes reportadas desde 1960.
  • La mayoría (70%) de las enfermedades emergentes (Ebola, Zika, Nipah encephalitis) y casi todas las que han generado las pandemias o epidemias conocidas (ej. Influenza, HIV, SARS, COVID-19) son conocidas como zoonosis por ser causadas por microorganismos que se originaron en animales.
  • Entre estas, la viruela y el sarampión se han convertido en enfermedades endémicas controladas recién luego de muchos años de vacunación continua.
  • Debido al aumento en la frecuencia de aparición de enfermedades emergentes zoonóticas que se han vuelto pandemias (con diferente grado de alcance geográfico) se ha denominado Era de las Pandemias al momento actual del Antropoceno que estamos viviendo.
  • La destrucción del hábitat y el aumento de las densidades humanas y de animales de producción en hábitats naturales y biodiversos ha creado nuevas vías de contacto y aumento de transmisión de microorganismos patógenos a los humanos.
  • Se estima que existen 1.7 millones de virus aún no descubiertos en hospedadores mamíferos y aves, de los cuales unos 631.000-827.000 tendrían potencial de contagio a humanos si mantenemos las tasas actuales de destrucción de la biodiversidad.
  • Entre las especies que pueden actuar de hospedadores de virus con potencial de contagio a humanos se encuentran los animales de producción (ej. Cerdos, camellos y aves de corral) particularmente cuando la cría es intensiva (confinamiento de alto número de animales en espacios reducidos), mamíferos silvestres (roedores, murciélagos y monos principalmente) y aves silvestres (particularmente acuáticas).
  • Estos microorganismos pueden transmitirse a los humanos de modo directo por contacto o indirecto, vía transmisión primero a los animales de producción para luego pasar a los humanos.
  • El sufrimiento y las pérdidas humanas, junto a las pérdidas económicas son mucho más caras que poner en marcha estrategias de conservación de la biodiversidad que prevengan nuevas pandemias.

A pesar de que la reacción más fácil suele ser culpar al organismo que transporta la enfermedad, por ejemplo, un murciélago u otro animal silvestre, la verdad nos interpela. La causa principal de la emergencia de microorganismos patógenos generadora de las pandemias es el aumento del contacto de las poblaciones humanas con la vida silvestre (a través por ejemplo del tráfico y consumo de fauna silvestre o sus partes), y las formas de producción intensivas, en conjunto con la altísima densidad humana en muchos lugares del planeta y la actual globalización. Sin embargo, entender y aceptar nuestra responsabilidad como humanos es la actitud menos común.

Una pregunta que suele aparecer en la sociedad es: ¿Qué pasaría si guiados por un pensamiento reduccionista saldríamos a exterminar todos los virus y sus hospedadores animales? Los humanos tenemos una sensación de poder sobre la naturaleza, pensamos que nosotros podemos controlar y manejar la biodiversidad a nuestro gusto. Sin embargo, la biodiversidad es mucho más que las especies individuales que observamos. Es una red de interacciones, la mayoría oculta a nuestro entendimiento actual. Las consecuencias de modificar esta red son muy difíciles de predecir de manera comprensiva. Lo más plausible es que ocurran aumentos poblacionales incontrolables de otras especies que pongan nuevos desafíos que no sabemos manejar, como ocurre cada vez que el hombre interviene en la naturaleza generando desequilibrios. Los virus funcionan como reguladores de las poblaciones animales y son parte necesaria del mantenimiento de la biodiversidad. Los murciélagos, a pesar de la fama negativa que les hemos generado los humanos, son muy buenos polinizadores, así como controladores de vectores de otras enfermedades y de plagas y como tal proveen de un servicio sumamente importante a los humanos. Así ocurre también con los demás componentes de esta red de biodiversidad, que, aunque no la comprendamos nos sostiene, nos alimenta, nos protege y a la cual los humanos difícilmente podamos reemplazar.

Incluso así, por contradictorio que parezca, aunque no podamos controlar la naturaleza tenemos la solución en nuestras manos. Las pandemias y otras zoonosis emergentes causan sufrimiento y pérdidas económicas de más de 1 trillón de dólares anuales. Resulta más económico que enfrentar una pandemia poner en práctica estrategias basadas en la protección de la naturaleza como la reducción del tráfico de fauna y del cambio de uso de la tierra, así como poniendo en práctica el acercamiento “Una sola salud” (“One health” en inglés) que ha sido propuesto desde 1984. Este acercamiento propone que la salud humana y la salud de la naturaleza son interdependientes y no se pueden alcanzar por separado. Poner en práctica estas estrategias puede costar entre 22 y 31 mil millones, muy por debajo de los costos de la actual pandemia.

Este nuevo informe IPBES, generado de urgencia, sobre la interacción entre la biodiversidad y la emergencia de pandemias llega en momentos que se está trabajando en otro documento muy importante sobre la importancia del cambio transformador para lograr una vida en armonía con la naturaleza antes que sea demasiado tarde. Este cambio apunta a la modificación urgente del “Business As Usual” que hoy dirige la economía mundial por una economía circular, basada en cambios individuales que apuesten a una reducción del consumo y un aumento en la producción y consumo local. Solo un cambio transformador disminuirá los impactos antrópicos del cambio de uso de la tierra y el cambio climático sobre la naturaleza como primer paso en la prevención de nuevas pandemias. Si no avanzamos en este sentido nuevas pandemias se ocuparán de reducir la densidad de humanos hasta que sea lo suficientemente baja como para que no haya transmisión. ¿Alcanza una pandemia como la COVID-19 para que estemos dispuestos a transformar nuestros hábitos por otros de consumo reducido y más amigables con la naturaleza? ¿O será que nos olvidaremos rápidamente y continuaremos con nuestra forma de vivir nuevamente? El desafío está en lograr un cambio urgente desde lo personal y local, hasta el cambio en todos los niveles de la sociedad para conseguir un alcance global.  Si no lo logramos, nos tendremos que acostumbrar a vivir la nueva normalidad de pandemias cada vez más frecuentes y quizá más graves de esta nueva era.

*Karina L. Speziale es Doctora en Biología por la Universidad Nacional del Comahue. Se desempeña como Investigadora Adjunta de CONICET del GrInBiC, Grupo de Investigaciones en Biología de la Conservación del INIBIOMA (CONICET-UNCO) en la ciudad de Bariloche. Es docente del departamento de Ecología de la Universidad Nacional del Comahue en materias y cursos de postgrado relacionados a la ecología y conservación de la biodiversidad. Actualmente desarrolla sus investigaciones sobre los efectos del impacto de las actividades antrópicas sobre la biodiversidad, en particular aquellos de los impulsores de cambio global como las especies introducidas invasoras, el cambio en el uso de la tierra el agua y el aire, y la contaminación por plásticos. Participa en diferentes instancias de asesoramiento, así como de numerosas actividades educativas formales e informales sobre la importancia de la puesta en valor y protección de nuestra biodiversidad nativa.

Referencias

Carroll, D. et al. The global virome project. Science 359, 872-874 (2018).

Daszak, P., Cunningham, A. & Hyatt, A. Emerging infectious diseases of wildlife – threats to biodiversity and human health. Science 287, 443-449 (2000).

Weiss, R. A. & McMichael, A. J. Social and environmental risk factors in the emergence of infectious diseases. Nature Medicine 10, S70-S76 (2004).

Jones, K. E. et al. Global trends in emerging infectious diseases. Nature 451, 990-993, doi:10.1038/nature06536 (2008).

IPBES. Global assessment report on biodiversity and ecosystem services of the Intergovernmental Science-Policy Platform on Biodiversity and Ecosystem Services. E. S. Brondizio, J. Settele, S. Díaz, and H. T. Ngo (editors). IPBES secretariat, Bonn, Germany. (2019).

McMichael, A. J., Powles, J. W., Butler, C. D. & Uauy, R. Food, livestock production, energy, climate change, and health. The Lancet 370, 1253-1263 (2007).

Pike, J., Bogich, T. L., Elwood, S., Finnoff, D. C. & Daszak, P. Economic optimization of a global strategy to reduce the pandemic threat. Proceedings of the National Academy of Sciences, USA 111, 18519-18523 (2014).

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