Amazonas en estado de alerta ¿Qué hay detrás de la deforestación?

En los últimos días, un sinfín de noticias en distintos diarios y sitios web de todo el mundo han girado en torno a un tema específico: los incendios de los bosques del Amazonas. En este post, se describe la situación en el “pulmón del mundo” y se señalan los principales factores políticos e institucionales que explican la alarmante situación del Amazonas.

La deforestación en el Amazonas en cifras

En total nueve son los países que tienen en su territorio parte de esta región forestal, siendo Brasil el país que mayor proporción territorial concentra (alrededor del 85% del Amazonas). Como demuestran datos de Global Forest Watch(Universidad de Maryland), sintetizados en el gráfico N°1, la deforestación en la Amazonía brasilera tuvo una tendencia decreciente o estable desde el año 2005 (3,49 millones de ha. desmontadas) hasta 2015 (2,22 millones de ha. perdidas), a pesar de los altos precios internacionales de materias primas agrícolas que potenciaban los intentos para aumentar la superficie cultivada. No obstante, esa tendencia fue revertida con un pico preocupante en 2016. En ese año, 5,38 millones de hectáreas fueron desmontadas, lo que implicó la duplicación de la cantidad pérdida un año atrás. En 2017, la masa forestal perdida fue menor que en 2016, aunque se mantuvo a niveles preocupantes (4,52 millones de hectáreas desmontadas) y en 2018 la tasa de cambio de uso de suelo se redujo a casi 3 millones de ha.

Gráfico N°1: evolución de la pérdida de cobertura forestal en Brasil por año en millones de ha.

Fuente: Global Forest Watch

A pesar de que los niveles de deforestación volvieron a reducirse en 2017 y 2018, datos recientes del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE, por sus siglas en portugués) de Brasil reveló nuevas cifras que dan cuenta de un aumento superlativo de la deforestación para estos 8 meses de 2019 (enero-agosto). Este informe produjo la alerta de diferentes sectores a nivel mundial, entre ellos: científicos, periodistas, organizaciones sociales y ambientales, la comunidad internacional y la población en general.

Uno de los datos más impactantes está relacionado con el incremento de los focos activos de incendio a lo largo del territorio boscoso (ver gráfico N°2).

Gráfico N°2: Evolución de los focos activos de incendio para enero-agosto 2018 y enero-agosto 2019


Fuente: elaboración propia en base a datos de INPE

En comparación con el año anterior, la cantidad de incendios aumentó un 85%. En términos reales, fueron detectados más de 80 mil focos de incendio, siendo Mato Grosso (14 mil focos), Pará (9.800 focos) y Amazonas (7.100 focos) los estados que tuvieron la mayor cantidad de incendios este año. Producto de los fuegos, la deforestación también se incrementó. Si se toma el período agosto 2018-julio 2019 y se lo compara con el período agosto 2017-junio 2018, la deforestación aumentó poco más del 15% (ver Gráfico N°3). De esta manera, desde agosto de 2017 a junio de 2018 se perdieron casi 4 millones de ha. (3975,5 km2), mientras que entre agosto de 2018 a junio de 2019 se perdieron más de 4 millones y medio de ha. (4574,9 km2), con el agravante que 3 millones de esas hectáreas se perdieron en los primeros seis meses del gobierno de Jair Bolsonaro.

Gráfico N°3: Evolución de la deforestación por km2 para el período 2016-2019

A continuación, intentaré identificar algunos factores que podrían ayudar a entender lo que está sucediendo actualmente en el “pulmón del mundo”.

Detrás de escena de la deforestación: reformas en la política ambiental y el avance del sector agropecuario en la coalición de gobierno

En la mayor parte de las noticias que circulan en los medios de comunicación y en las redes sociales suele señalarse al actual presidente brasilero, Jair Bolsonaro (Partido Social Liberal), como el culpable de los acontecimientos actuales en el Amazonas. Si bien, como veremos a continuación, la responsabilidad de la autoridad del poder ejecutivo nacional es indudable, hay otros factores que podrían ayudar a comprender esta situación que genera tanta preocupación. 

Para comenzar, es importante retrotraernos al 2012 cuando ocurrieron cambios institucionales en el manejo de los bosques en Brasil. Producto de la presión de la banca ruralistaen el Congreso nacional, fue sancionada la Ley Nacional N° 12.651 que estableció el Nuevo Código Forestal que venía a modificar el viejo código sancionado en los tiempos de la dictadura militar en 1965. La sanción de esta normativa redujo los estándares ambientales en varios aspectos, entre ellos: abrió la posibilidad de reducción de reservas legales en estados o municipios en que habitan pueblos indígenas o son reservas naturales; permitió también la reducción de las áreas protegidas (Áreas de Preservação Permanente); propuso, a su vez, una “amnistía” a productores que realizaron desmontes ilegales; y habilitó que los productores logren permisos para desmontar y producir agricultura en pendientes pronunciadas (ángulos de más de 45 grados) y en cimas[1]. Si bien el cambio normativo no causó inmediatamente un alto incremento en las tasas de desmonte (como muestra el gráfico N°1), este es un elemento, al menos, interesante para comprender lo que vendría en los años siguientes.

La sanción del Nuevo Código Forestal generó fuertes críticas del sector ambientalista encabezado por ONG ambientales, científicos y abogados ambientalistas, quienes presentaron un pedido de inconstitucionalidad en 2017. No obstante, en 2018 el Supremo Tribunal de Justicia de Brasil dejó sin efecto el pedido de inconstitucionalidad y ratificó la legalidad de la ley sancionada en 2012. Entre las consecuencias legales más importantes se encuentran: la ratificación de la amnistía a los productores que habían desmontado de modo ilegal, la posibilidad de reducir áreas protegidas (Áreas Legais y Áreas de Preservação Permanente) y la posibilidad de desmontar en pendientes y cimas.  La ratificación de la ley sancionada en 2012 motivó la satisfacción del sector agropecuario. En esa línea, Rodrigo Justus, por entonces Consejero de Medio Ambiente de la Confederación de Agricultura y Ganadería de Brasil, sostuvo: “la sentencia respetó el proceso democrático, la posición del Congreso” [2]. De ese modo, este hecho demuestra el poder del sector agropecuario para incidir en los lineamientos de la política forestal nacional. A la par de estos acontecimientos institucionales, desde 2015 hasta la actualidad se fue consolidando una coalición compuesta por elites políticas estatales y elites sociales (fundamentalmente, industrias agropecuarias) de fuerte orientación productivista que es la que define, al menos, parte de la orientación de la política económica y ambiental. Como es bien conocido, en diciembre de 2015 comenzó el proceso de juicio político a la presidenta Dilma Roussef (Partido dos Trabalhadores) que culminó con su impeachment en agosto de 2016. La salida de Dilma y la asunción de su vicepresidente, Michel Temer, significó una oportunidad política para el sector agropecuario que fue un actor central en el proceso de destitución en ambas cámaras legislativas. Como resultado de este proceso sumado a la reducción de estándares normativos y a la llegada de actores relacionados a los sectores agropecuarios a las organizaciones estatales, en 2016 y 2017 los índices de deforestación se dispararon y fueron los más elevados, al menos, desde el 2001.  Ahora bien, la elección del nuevo presidente brasilero, Jair Bolsonaro, terminó de consolidar una coalición de actores estatales y económicos de fuerte orientación productivista que se manifiesta en los lineamientos de la política económica y ambiental actual.

[1] Para un análisis en profundidad, véase: https://es.mongabay.com/2018/03/brasil-nuevo-codigo-forestal/

[2] Ibid


En relación con la economía, uno de los principales objetivos del nuevo presidente es potenciar el desarrollo productivo a partir de la explotación del Amazonas (tanto para fines agropecuarios como mineros)[3]. Con respecto a lo ambiental, Bolsonaro se manifestó, emulando a Trump, “no creyente del cambio climático”. Tiene la visión de que tanto la masa forestal como las poblaciones que habitan esos territorios (indígenas y campesinas) son un bloqueo al desarrollo económico del país. En esa línea es posible comprender, a partir de algunas medidas, que las preferencias políticas del presidente y de su coalición están lejos de la protección ambiental y que pueden, además, ayudar a explicar estos graves incendios.

Entre algunas decisiones puede mencionarse: la transferencia de la demarcación de tierras indígenas y el Servicio Forestal Brasilero a la órbita del Ministerio de Agricultura, la desaparición de la Secretaría de Cambio Climático, el desfinanciamiento del Ministerio de Medioambiente y el nombramiento de Ricardo Selles (ex titular del Ministerio de Medioambiente en el Estado de San Pablo y reconocido aliado del sector agropecuario[4]) al frente de esta cartera. En resumen, la confluencia entre la falta de incentivos para la protección ambiental del presidente electo y la relevancia otorgada a los actores económicos relacionados al sector agropecuario generó que no haya ningún freno a la expansión de la frontera agropecuaria durante estos 8 meses[5], dando como resultado un incremento alarmante en los focos activos de incendio y en la tasa de deforestación.

A modo de cierre, como vimos, el que el sector agropecuario fue ganando mayor lugar en las organizaciones e instituciones estatales, produciendo y sosteniendo cambios normativos significantes, ocupando cargos en el Estado nacional y definiendo la orientación de la política económica y ambiental de Brasil. Hoy en día, la consolidación de la coalición de actores estatales y económicos de fuerte orientación productivista parece estar definiendo no solo el futuro de Brasil, sino el de toda la humanidad. 

Lucas M. Figueroa, Equipo GAP, agosto 2019


[1] Véase: https://cnnespanol.cnn.com/2019/07/31/despues-de-la-muerte-del-lider-de-una-tribu-bolsonaro-repite-el-llamado-a-hacer-mineria-en-el-amazonas/

[2] Véase: https://www.ambito.com/bolsonaro-nombro-un-aliado-del-agro-medio-ambiente-n5004360

[3] Estos procesos coinciden con tiempos de sequias en el Amazonas, lo que produce que los incendios rápidamente se expandan en gran parte del territorio.

[4] Véase: https://www.ambito.com/bolsonaro-nombro-un-aliado-del-agro-medio-ambiente-n5004360

[5] Estos procesos coinciden con tiempos de sequias en el Amazonas, lo que produce que los incendios rápidamente se expandan en gran parte del territorio.

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